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Salerno
Paseo marítimo de Salerno.jpg

Situada en su homónimo golfo, a los pies de los montes Lattari, Salerno se presenta como la segunda ciudad más poblada de la región de la Campania, después de Nápoles.

Desconocida y eclipsada por otros icónicos enclaves turísticos como Pompeya, Capri o Sorrento, la ciudad portuaria se convierte en uno de los imprescindibles a orillas del cobáltico Tirreno, debido a su fantástica ubicación y conexión que la erigen incluso como campamento base ideal durante nuestro viaje por la Costa Amalfitana.

Asentada sobre los cimientos de un humilde pueblo pesquero, la localidad se presenta hoy contemporánea y ancestral en su justa medida, conocedora del valor de su rico legado histórico y cultural.

Detalles históricos

De estirpe helénica, Salerno es por si sola historia. Aquella perteneciente a civilizaciones tan milenarias como la etrusca, griega o lombarda. Su antigua ciudad, alter ego de la que se nos presenta hoy, fue fundada durante el Imperio Romano, alrededor del 276 a.C. Siglos más tarde y después de la invasión bárbara, se erigió como capital del Principado Longobardo en el 640 d.C.

Conquistas, revoluciones y desembarcos, Salerno fue parte intrínseca de la Italia liberada y unificada, llegando a ser incluso capital del país por un tiempo, durante la Segunda Guerra Mundial.

Cabe destacar que durante los s. XI y XIII, en la ciudad se constituyó la primera escuela de medicina, madre de las modernas universidades europeas y dónde se otorgaron los primeros títulos profesionales.

Partenon Paestum en Salerno.

Descubriendo Salerno

Entre acantilados y llanuras costeras, la ciudad se presenta como una dádiva histórica con importantes monumentos y espacios que recogen el testimonio de sus antepasados. La profusa arquitectura medieva que podemos admirar en su Acueducto o en las edificaciones del casco antiguo, y el arte encriptado en los interiores de las innumerables iglesias que atesora la localidad, son algunos de los atractivos turísticos que muestran el legado histórico de Salerno. La Iglesia della Santissima Annunziata, la del Crucifijo, la de Sant’Agostino o su catedral, “Il Duomo”, compiten con las reliquias litúrgicas y las obras artísticas que contienen exposiciones como las que encontraremos en el Museo Arqueológico Provincial, el dedicado a la Escuela Médica Salernita o la Pinacoteca.

Visitas ineludibles, las del Castello di Arenchi, que situado en lo alto de los montes Bonadies se presenta como imponente edificación datada en el s. VII, la cual ofrece una de las panorámicas más espectaculares de la Costa Amalfitana durante la puesta de sol; además de albergar en su interior un magnífico espacio-museo con objetos pertenecientes a la Edad Media. O la que nos conduce al yacimiento arqueológico de Paestum para conocer las ruinas de la griega Poseidonia.

Como abanderada de la riqueza natural del territorio, la población atesora entre sus calles verdaderos oasis. Merecen nuestra atención el Giardino della Minerva, donde se cultivan plantas medicinales desde el s. XIV; el Parco del Mercatello, considerado como uno de los parques urbanos más vanguardista y grandes de Italia o el jardín comunitario Villa Comunale, un romántico enclave construido en torno a la fuente de Don Tullio.

Recorrer el kilómetro y medio que traza su paseo marítimo, Lungomare Trieste, flanqueado por edificios de construcción neoclásica o mimetizarnos entre la vorágine comercial de Via dei Mercanti, también forman parte de las actividades que ofrece la Salerno de hoy. Una ciudad que mira decidida al futuro sin olvidar su pasado.

Acueducto medieval de Salerno

Sintiendo Salerno

No solo de monumentos y playas vive el turista. La gastronomía y la cultura son otros de los pilares fundamentales de cualquier buen viaje que se precie. En este sentido, la Costa Amalfitana no decepciona y Salerno no es ninguna excepción. Las iniciativas organizadas en torno a la “Frenesi di Corte” representan el marco ideal para el encuentro entre tradición, cultura, gastronomía y folclore. Eventos que mayoritariamente acontecen durante la temporada estival y que sirven para enaltecer una de las zonas agrícolas italianas de mayor importancia.

¿Dónde comer?

Su recetario, de sólida base mediterránea, se caracteriza por el sabor de sus planchas y asados. Cereales, leguminosas, patatas y hortalizas son el lienzo en blanco de carnes de caza, pescados y mariscos que, salpicados por el oro líquido de sus centenarios olivares, maridan perfectamente con la extensa carta vinícola que ofrece la región.

Hoy, las estrechas callejuelas de la Salerno medieval resurgen como punto de encuentro de la vida nocturna de la ciudad. Cafés, cervecerías y restaurantes devuelven al barrio sus colores y aspecto original, erigiéndose como pícaros y goliardos establecimientos, donde turistas y salernitas se fusionan al son de la “canzone napolitana”. Los spaghetti alle vongole de la Osteria di Mercanti, las mosaicas y originales pizzas del horno de leña del Saporito, el burbujeante y nacionalizado Aperol Spritz servido en el Spritzerò o los pecaminosos helados de Punto Freddo, son algunos de los manjares y refrigerios que, como buenos turistas, deberemos degustar. Como dato relevante, señalar que tanto el corazón como la zona marítima de la ciudad son los puntos clave del sector de la hostelería.

Expositor de guindillas picantes italianas

¿Cómo llegar?

En transporte público

El aeropuerto más cercano es el de Nápoles (aunque desde Roma y Florencia también existen opciones). Desde allí podremos tomar un autobús de la empresa Alibús, que nos conducirá hasta la estación central de la ciudad, con parada en la Plaza Garibaldi. El precio de su billete, alrededor de los 3 euros.

Una vez en la estación, podremos tomar alguno de los trenes regionales o autobuses que conectan las dos localidades. Italo y Trenitalia son las compañías ferroviarias que ofrecen el servicio, con precios que oscilan entre los 4,70 y los 14,40 euros (para los billetes de alta velocidad).

En cuanto al autobús, son varias las líneas ofertadas desde la capital de la Campania. Sita Bus es la empresa que mejor conexión ofrece con Salerno. Sus autobuses parten cada hora y el precio de billete estimado es de entre 3 y 5 euros. Pero también hay otras compañías como Flixbus o SCAI Autolinee que cubren el itinerario, aunque no ofrecen frecuencias tan regulares.

En coche

También podemos llegar a la ciudad portuaria en coche. Desde el norte de Italia, por la A1 Napoli – Salerno, Salerno A30 Caserta – Roma, salida Fratte / Salerno centro, o desde el sur por la A3 Salerno – Reggio Calabria, salida Fratte / Salerno centro; teniendo en cuenta que tendremos que abonar peajes y que en Italia su cargo depende de la categoría del vehículo y la distancia recorrida. A modo de orientación, por cada cien kilómetros recorridos nos tocará desembolsar unos 9 euros.

En barco

Finalmente, podemos optar por el barco. Salerno posee un importante puerto comercial y turístico en el cual atracan algunas de las compañías navales de larga distancia más importantes del mundo como Grimaldi Lines o Caronte & Tourist.

Atardecer desde la playa de Salerno, en la Costa Amalfitana

Dónde alojarse

Sin duda Salerno es la localidad que ofrece más opciones de hospedaje y mucho más razonables y asequibles que el resto de poblaciones que conforman la Costa Amalfitana. Quizás por haberse transformado en toda una metrópoli o porque todavía hoy se presenta prácticamente desconocida para el viajero; lo cierto es que, de momento, pernoctar en la ciudad representa un desembolse coherente dentro de los parámetros de la estacionalidad.

Desde céntricos B&B como el Bed & Books il Campanile, ubicado en el corazón histórico de la ciudad o el Santi e Saraceni, a escasos cuatrocientos metros de la playa; pasando por juveniles albergues como el Ave Gratia Plena, el cual dispone en verano de un bar americano en el patio del recinto o hoteles de vanguardia como el Montestella 1914 y sus amplias habitaciones.

Panorámica de la ciudad de Salerno, Italia, desde el mar

Sea como sea, Salerno no decepciona. Ofrece un cara distinto a cada viajero, permitiéndole componer su propio recuerdo. Una memoria que no solo capturaran las instantáneas que tomemos desde sus escarpados acantilados, o el aprendizaje que adquiramos de su ferviente cultura. Un recuerdo gravado a fuego en nuestro corazón, proporcionado por el privilegio de contemplar la riqueza que ofrece su enclave en plena Costa Amalfitana.