Laponia

La Laponia Noruega

Si bien la Laponia actual es más una frontera política que una región natural, no hay duda de que, gracias a diferentes factores turísticos (y astronómicos), esta tierra nunca dejará de sorprendernos.

La Laponia está compuesta tanto por los países nórdicos: Noruega, Finlandia y Suecia como por la omnipresente Rusia, la cual suma territorios como sus antepasados a partir de la conquista de Stalingrado.

Históricamente, sobre todo antropológicamente, lo que hoy conocemos como Laponia fue, cinco mil años atrás, el territorio de la gente de Sámi, un pueblo ancestral que conquistó la tierra nórdica mucho antes que la ascensión del mismo imperio romano, convirtiéndolos en el alter ego del antiguo Egipto, sustituyendo la arena por la nieve y la domesticación del gato por el reno.

Uno de los Renos del ártico

Historia y evolución

Si bien hemos mencionado el origen humano de esta región que abraza el polo norte del planeta, durante nuestra historia, o los que han escrito dichos textos, han habido ciertos acontecimientos respecto a este lugar político, ahora consagrado como el paraíso nórdico, aunque si queremos indagar de verdad, debemos viajar hasta el siglo XX. Con la construcción del ferrocarril de Narvik, la comunicación entre estos países alcanzó un nivel superior, facilitando tanto el comercio como la mejora y riqueza de la economía.

No obstante, en 1939 estalla la guerra de invierno con la Unión Soviética, invadiendo esta Finlandia y haciendo que la nieve se transforme en un rojo incisivo hasta la firma del tratado de paz de Moscú, 3 meses después. No obstante, el gobierno finlandés quería recuperar las tierras cedidas a Rusia para la firma del tratado, así que, aliándose con el Tercer Reich, esta vez se convirtió en la agresora. La iniciativa duró unos años, llegando a un segundo acuerdo con la U.R.S.S., donde se decidió el exterminio de las tropas de montaña alemanas, conocido como la guerra de Laponia (1944-1945).

La paz definitiva se firmó en 1945.

Tanque soviético durante la guerra de invierno (1939)

Por desgracia, este territorio natural, al ser rico en cobre y níquel, empezó a ser explotado en los años 60 con la construcción de colonias industriales y, a la larga, centrales nucleares por parte de sus aliados más interesados: Rusia.

Años después, Noruega fue la primera en reconocer al pueblo de Sámi como parte identitaria fundamental de Laponia. Suecia y Finlandia siguieron dicho ejemplo. Rusia nunca se ha interesado demasiado por ello.

Seguido de esto, vinieron las disculpas de los reyes nórdicos respecto al maltrato y desprecio de esta cultura ancestral para imponer los intereses de un trío de países que, al final, supieron reconocer sus errores y buscar un parlamento, literalmente. En 1996 se inauguró el parlamento para la gente Sámi haciendo que, cinco mil años después, tuvieran de nuevo permiso oficial y político para poder reclamar su identidad geográfica y cultural que, a fin de cuentas, siempre había sido suya.

¿Por qué visitar la Laponia noruega?

Si bien el concepto de la Laponia es una verbalización de la cultura Sámi, pues al final siempre fueron sus tierras, a día de hoy este territorio se ha comercializado para alcanzar unas cifras turísticas sorprendentemente altas. Vivimos en un mundo donde el turismo masivo más bien se ha convertido en una masa peligrosa, el norte del planeta todavía mantiene esas fronteras culturales donde no sufren demasiado al respecto por ello. Si bien en verano todo esto puede ser más descarado, en invierno hay un motivo, y solo uno, por el cual la gente se congela a temperaturas glaciales y renuncia a dialogar con el Sol…

Las Auroras boreales

Si bien ya hemos hablado de ellas en otro artículo, se puede decir que el campo magnético de la Tierra ha ayudado a ciertas poblaciones del norte a mejorar su economía y otras ramas de un sistema muy superior, por ejemplo, al mediterráneo.

Este fenómeno astronómico es de un calibre indescriptible; luces nórdicas verdosas como el corazón de un bosque se proyectan en el firmamento convertidas en suspiros solares cargadas de plasma y a temperaturas imposibles.

Sin duda, este es el motivo más evidente, y a la vez trascendental, para coger un avión y volar por la superficie terrestre hasta llegar al fin del mundo. Si bien este fenómeno se puede observar en los otros países anexos a Laponia, Noruega siempre se llevará la Palma de oro como el lugar por excelencia donde la nitidez es superior a cualquier otro sitio.

Trineos tirados por Huskeis

Un clásico de países como Noruega es ir en trineo por las montañas tirados de un grupo grande de Huskies. Si bien en antaño fueron utilizados para transportar material importante de manera urgente por las montañas de cima protuberante, hoy en día se ha convertido en un deporte o una actividad cultural, haciendo que no se pierda una tradición antigua que, en generaciones pasadas, fue uno de los oficios más importantes de este país.

Conseguiremos desconectar; dejarnos llevar por el viento gélido en nuestro rostro y la sensación de soledad en la nada. Gracias a esta experiencia podremos olvidar nuestra rutina y disfrutar entre paisajes que nos harán sentir como una hormiga en una autopista de cinco carriles.

Trineos pertenecientes a la Laponia noruega.

El pueblo de los Sámi

Ya hemos contado párrafos arriba la importancia de esta cultura y civilización para los orígenes de los países nórdicos. Si decidimos invertir nuestro tiempo en ejercer la máxima empatía respecto a ellos, desde Tromso, podemos tomar un autobús que nos llevará hasta una zona a las afueras de toda ciudad donde podremos convivir con ellos, aprender de su historia y cultura; pasar horas como si fuéramos parte de los suyos, aprendiendo su lengua y historias entre hogueras…

Si esto fuera poco, una vez te has familiarizado con sus costumbres, te aportan uno de sus conocimientos más importantes: la gastronomía. ¿Su especialidad? Sencillo: carne de reno y salmón, elaborados ambos como un estofado y disfrutados descaradamente después de una jornada gélida, pues siempre es mejor ir a ver a esta maravilla de gente en invierno.

Una experiencia inigualable y antropológicamente perfecta para un trabajo final de doctorado.

El pueblo de Sámi en la Noruega de principios del siglo XX.

Otras actividades

Desde poder ir con una moto de nieve por pendientes más enhiestas que el Himalaya; poder disfrutar de los sabores del norte; dormir en un hotel de hielo a temperaturas que harán feliz a un mediterráneo con terror a la humedad veraniega…

Realmente la Laponia noruega es capaz de sorprendernos como viajeros en cada rincón que osemos cruzar sin contemplaciones. También existe la opción de mochilero, una muy atractiva para mucha gente que prefiere una definición más acertada de lo que es una aventura.

Partiendo de esa base, el senderismo, trekking en invierno, o otras metodologías, serán clave para disfrutar de una experiencia completa en esa parte del planeta donde la magia se convierte en algo palpable, abandonando su complejo abstracto. Poder palpar el cielo; dialogar con las estrellas o contemplar el flujo de las luces nórdicas, deberían ser motivos suficientes para decidir salir de nuestra zona segura y abrazar lo desconocido.

Casa en medio de la Laponia

Si lo que hemos dicho aquí no es motivo suficiente o no te gusta el frío, a lo mejor es que, simplemente, este no es un buen destino para ti. Ahora, si quieres ver luces oleando por el cielo y paisajes blancos en su totalidad no te lo pienses más y lánzate hacia el viaje de tus sueños.

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