Leyendas de Toledo

Cinco leyendas toledanas que no conocías

Muchas de las leyendas de Toledo son famosas e incluso se han hecho eco de ellas literatos conocidos a nivel mundial. Gustavo Adolfo Becker o Benito Perez Galdós fueron dos de los escritores que quedaron totalmente hechizados por el encanto de sus calles, torres, iglesias y palacios, tal y como reflejan en algunas de sus obras como La ajorca de oro o Tristana.

Para comprender mejor la historia y las tradiciones de Toledo os contaremos algunas de las fábulas mas conocidas de la ciudad. Estas leyendas encierran historias reales que vivieron los propios toledanos durante diferentes épocas, todas ellas separadas en el tiempo.

La Torreón del Baño de la Cava

La primera leyenda tiene que ver con el final de la monarquía visigoda. Florinda la Cava, la hija predilecta del conde don Julián, es la protagonista de esta triste historia, al ser forzada sexualmente por el rey godo don Rodrigo, quien prometió casarse con ella después de esto. El padre de Florinda, al ver que el rey no cumplía su palabra, franqueó el paso a las huestes sarracenas en Gibraltar, dando así paso a la invasión árabe de toda la Peninsula Ibérica.

Tal y como cuenta el Marques de Sade en el cuento titulado Rodrigo o la torre encanta, el Baño de la Cava se encuentra a orillas del rio Tajo, junto al puente de San Martín, y fue donde se llevo a cabo la ofensa. La leyenda cuenta que los toledanos que vivían por la zona veían por la noche a una mujer que deambulaba por el río mirando el agua, sollozando y gritando palabras inconexas. Un día desapareció y poco después empezaron a ocurrir cosas extrañas, ya que al caer el sol se podía ver una figura descarnada que se colocaba en lo alto del Torreón del Baño de la Cava. Esta extraña figura miraba fijamente hacía donde estaba el palacio de don Rodrigo, emitiendo un terrorífico grito. Era entonces cuando aparecía una nueva figura vestida de caballero en la torre del palacio. Cuando los dos se miraban, el huracán rugía con más fuerza, la tempestad se desataba y el río se desbordaba inundando la Vega.

El rio Tajo junto con el Torreón del Baño de la Cava y parte de la muralla de Toledo

El Pozo Amargo

Esta leyenda va sobre un amor prohibido entre dos enamorados que procedían de diferente religión y clase social. Ella se llamaba Raquel y era la hija de uno de los rabinos mejor considerados por su comunidad y él era Fernando, un apuesto noble de Toledo. El flechazo entre los dos jóvenes surgió un día en el que él llamo a la puerta del palacio judío preguntando por un vecino.

Los jóvenes enamorados se citaban cada noche entre las sombras de los callejones cercanos al pozo amargo, hasta que un día, un amigo del padre de ella los vio besarse y corrió a contárselo. El rabino muy enfadado quiso vengarse del joven cristiano y lo arrojo al pozo la noche siguiente. Raquel al enterarse lloró día y noche hasta llenar el pozo de lagrimas amargas. cuando no pudo soportar más su dolor, una noche bajo la luz de la luna decidió lanzarse al pozo para permanecer eternamente junto su amado Fernando.

Foto vertical de la plaza donde se encuentra el Pozo Amargo

La Noche Toledana

Esta leyenda es la que da nombre a la famosa expresión “una noche toledana”, lo que se traduce como una noche intranquila. El actual Paseo de San Cristobal, lo que antiguamente era conocido como el “Montichel”, por ser una de las siete colinas sobre las que se asienta la ciudad de Toledo, fue donde ocurrió este sangriento episodio que forma parte de la historia Toledana.

Durante el año 190 de la hégira, 812 para nosotros, Jusuf-ben-Amru gobernaba la ciudad de Toledo. Era un regente déspota y cruel con todos los toledanos, ya que raptaba doncellas y mataba a toda persona que se oponía a sus terrible métodos. Por ello una noche hubo una revuelta popular que acabo con la vida del regente. Fue entonces cuando llego a la ciudad el padre de Jusuf para ocupar su lugar. A diferencia de lo que el pueblo pensaba, el padre llego al poder con la intención de llevar un gobierno tranquilo y no vengar la muerte de su hijo, hasta que las personas que le rodeaban empezaron a envenenar sus pensamientos para que este vengara la muerte de Jusuf.

Una noche el regente organizó una cena aprovechando que el hijo del Califa Albderramán III pasaba por Toledo. Los nobles llegaron al palacio luciendo sus mejores trajes y cruzando unos amplios cortinajes, los cuales daban acceso al patio principal. Fue entonces cuando unos cuchillos afilados les fueron cortando la cabeza uno a uno. Posteriormente las cabezas de los nobles fueron colgadas en la parte más alta del palacio. Cuando el pueblo las vio, empezaron a temer por sus vidas y esa noche nadie pudo dormir, ya que solo podían pensar si el gobernante y su ejercito iban a empezar a abrir todas las puertas de las casas para acabar con el resto la ciudad como venganza por lo que hicieron a su amado hijo.

Alfonso VI y el la Mezquita del Cristo de la Luz

La Mezquita del Cristo de la Luz es el legado que dejo la comunidad árabe qué mejor se ha conservado durante siglos y por ello es una de las mayores atracciones turísticas de la ciudad. Cuenta la tradición que el rey Alfonso VI entró en la ciudad en 1085 por la puerta antigua de Bisagra. Se dirigió hacia el centro de la ciudad por el camino más difícil, la cuesta del Cristo de la Luz. Atravesó la puerta de Valmardón y cuando su caballo pasaba frente a la mezquita, se negó a avanzar y se arrodillo frente al templo. Alfonso VI y su ejercito pensaron que era un aviso celestial y buscando una explicación, se adentraron en la mezquita y observaron que de uno de los muros salía un potente resplandor que iluminaba la sala.

El rey ordeno excavar en dicho lugar y fue entonces cuando encontraron detrás del muro un crucifijo que a pesar de los cuatro siglos que había permanecido oculto, mantenía viva la llama de su lamparilla. Alfonso VI y su ejercito tomaron el crucifijo y con el se dirigieron hacia el centro de la ciudad, la plaza de Zocodover, para conquistar Toledo.

El Cristo fue colocado en la antigua mezquita una vez que esta fue consagrada para el culto cristiano y desde ese momento tomo el nombre de la Ermita del Cristo de la Luz.

Fachada principal combina arco lobulado y arco de herradura

La Piedra del Rey Moro

La ultima leyenda trata sobre el espíritu del principe Abul-Walid, el cual salía cada noches de su tumba para contemplar la ciudad a la luz de la luna. En el año 1083, durante el reinado de Yahia Alkadir, Alfonso VI cercaba la ciudad para que no entraran provisiones, obligando así al pueblo musulmán a rendirse o morir de hambre. Yahia Alkadir pidió ayuda a sus compatriotas del norte de Africa, quienes mandaron a Abul-Waild para que les informara sobre la situación. Durante su estancia en Toledo, el rey africano se enamoro de Sobeyha, la hermana de Yahia, a quien juro amor eterno y prometio casarse con ella cuando volviera de Africa junto con sus tropas para así ayudar a Yahia en su lucha contra los cristianos.

Durante su ausencia, Alfonso VI tomo Toledo y Yahia abandono la ciudad sin su hermana, ya que esta había muerto debido a una enfermedad. Al volver Abul-Walid y ver cómo los cristianos ya había tomado la ciudad, temió por la vida de su amada. Al enterarse de su muerte decidió vengar al pueblo musulmán y recuperar Toledo. Albul y su ejercito ocuparon los alrededores, donde hoy se encuentran Los Cigarrales y la Academía de Infantería. La tienda de Albul se colocó al lado de la peña más alta del cerro, la llamada Piedra del Rey Moro.

Al ausentarse el rey Alfonso VI dejo al mando al Cid Campeador, quien una noche dirigió al ejercito hacía las tropas musulmanas, pillandoles por sorpresa. Debido a la oscuridad y la confusión, los musulmanes llegaron incluso a matarse entre ellos. Con la luz del alba, los pocos hombres que quedaban del ejercito musulman, vieron a su rey muerto en la gran peña en la que siempre estaba vigilando la ciudad de Toledo.

Si visualizamos la piedra desde un punto estratégico, veremos cómo en ella figura la cabeza de un hombre con turbante. La leyenda cuenta que fue la propia alma de Albul quién pidió a Alá que le permitiera permanecer en lo alto de aquel cerro eternamente, para poder contemplar la ciudad donde estaba enterrada su amada. Alá al verle tan desgraciado le concedió su deseo y le convirtió en la piedra más famosa de Toledo, la cual domina el paisaje toledano y desde la cual se puede disfrutar de la mejor panorámica de la ciudad.

Panorámica nocturna de Toledo desde la Piedra del Rey Moro

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