¿Qué ver en Carcasona?
Carcasona

Carcasona es mucho más que historia y medievo. Reconocida internacionalmente por su majestuosa ciudadela del s. XIII (la mayor y mejor conservada de toda Europa), esta bella localidad cercana a la frontera española, situada en la región del Languedoc, posee un encanto que cautiva más allá de su arquitectura y sus monumentos. Una rica cultura, erigida sobre los cimientos de decenas de civilizaciones que cruzaron la región han hecho de ella una ciudad sin pretextos, capaz de aunar pasado, presente y futuro adaptándose a un mundo en constante movimiento. Bajo esta consigna, la localidad se divide en dos mundos antagonistas que ante todo comparten una misma razón de ser, Carcasona.

Por una parte, encontramos la antigua ciudad medieval que otea impasible sobre las colinas; mientras que a orillas del río Aude nace el núcleo que hoy se presenta más contemporáneo, la “Bastide de Saint-Louis”. Dos enclaves llenos de ocio, gastronomía, arte y conocimiento con multitud de lugares por descubrir que se entreveran con las leyendas caballerescas de la región, y entre los cuales figuran nuestros diez imprescindibles.

Diez visitas imprescindibles en Carcasona

La ciudadela Medieval

Este imponente conjunto arquitectónico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en mil novecientos noventa y siete, representa el mayor atractivo turístico de la localidad, y sin duda un imprescindible en mayúsculas durante nuestro viaje.

Conocida popularmente como “La Cité”, la ciudadela medieval de Carcasona alberga entre sus imponentes murallas auténticas joyas erigidas durante el periodo medieval. Entre ellas destaca el “Château Comtal” (castillo condal), el que fuere residencia de la acaudalada familia Trencavel durante parte del s. XII.

La Basílica de Saint Nazaire, las torres erigidas como baluartes, las puertas de Narbona y Aude, o los zigzagueantes trazados de sus adoquinadas calles gremiales son otros de los tesoros que encierra esta fortificación. Concebida bajo el espíritu de un parque temático, cuenta con numerosos establecimientos y restaurantes donde degustar la rica gastronomía occitana y afianzarnos algún que otro souvenir.

La entrada al complejo es libre, pero para visitar el castillo y sus museos (el de la Inquisición y el de la Escuela) hay que pagar entrada.

Murallas del castillo de la ciudadela de Carcasona.

Pont Vieux (Puente Viejo)

Construido sobre el río Aude en mil trescientos quince, el “Pont Vieux” es el nexo de unión entre la zona donde se sitúa la ciudadela y la “nueva ciudad”.

Este bello viaducto de doscientos diez metros de largo y doce arcos de medio punto, no solo forma parte de la historia de Carcasona. Por él transita parte de la ruta que el Camino de Santiago traza por tierras francas.

Imprescindible acercarse al lugar durante el atardecer para contemplar las bonitas puestas de sol que se dibujan sobre las aguas de la ribera; aunque el “must” se produce al caer la noche, cuando desde él podremos admirar como “La Cité” prende bajo las ambarinas luces que la salpican.

Puente viejo de la ciudad de Carcasona.

La Bastide de Saint-Louis (La Bastida de San Luis)

Una vez cruzado nuestro particular túnel del tiempo (el puente viejo) accedemos a la parte menos conocida de Carcasona, la “Bastide de Saint-Louis” o como los franceses la llaman, “la Ville Basse”.

Engendrada como una “nueva ciudad” tras el asedio sufrido por “La Cité” en mil doscientos cuarenta y siete; fue construida bajo el mandato de Luis IX de Francia, siguiendo un trazado ortogonal de calles entreveradas en ángulo recto, propio de la época.

Durante el s. XIII, esta neo nata ciudadela gozó de un gran desarrollo gracias a sus actividades comerciales entre las que predominaba la producción y exportación de telas y lanas, propiciando el auge adquisitivo de sus habitantes. Testimonio de ello son los numerosos edificios monumentales y palacios erigidos en torno a la "Place Carnot", el corazón de la “Bastide”; donde hoy se desenvuelve la vida cotidiana de la ciudad. La Casa Senechal, la Iglesia de San Vicente o el Hotel Bourlat son un claro ejemplo de ello.

Un enclave de primer orden en el desarrollo histórico del municipio, que también en mil novecientos noventa y siete fue declarado Patrimonio de la Humanidad.

Calle en la zona de la Bastide de saint-Louis, Carcasona.

Portal des Jacobins (Portal de los Jacobinos)

Se trata de la última de las cuatro puertas que quedan en pie en las murallas que rodeaban la “Bastide” durante el s. XIV. Restaurada en mil setecientos setenta y nueve, este acceso es uno de los pocos vestigios que permanecen junto a los restos del bastión.

Portal de los Jacobinos, Carcasona.

Place Carnot (Plaza Carnot)

Conocida popularmente como la “Plaza de las Hierbas”, “Place Carnot” es uno de los epicentros turísticos de la ciudad y el principal punto de encuentro de los carcasoneses, constatando su relevancia histórica; pues ya desde la Edad Media, su perímetro ha acogido el mercado itinerante de frutas y verduras de la localidad.

Presidida por la fuente de Neptuno, obra de los escultores italianos Barata, la Plaza Carnot es un lugar ideal para descansar y charlar animadamente mientras tomamos una copa en la terraza de alguno de sus cafés y bistrós o degustamos el típico “cassoulet”, la estrella gastronómica de la región.

Plaza Carnot, Carcasona.

Catedral de Saint-Michel (Catedral de San Miguel)

Originaria del s. XVIII, fue restaurada por Violet le-Duc (arquitecto responsable de devolver a la vida la ciudadela medieval) tras el incendio sufrido en mil ochocientos cuarenta y nueve.

Situada en la zona de la “Bastide de Saint-Louis”, esta catedral de estilo gótico es el principal edificio religioso de la ciudad, destacando gracias a su curioso aspecto bélico; algo inusual en una construcción de estas características.

Su torre de vigilancia, el foso perimetral y la pequeña fortificación que se erige a su alrededor contrastan con el espíritu eminentemente litúrgico que desprende su interior, en el cual un gran rosetón protagoniza la tenue luz que penetra hacia el centro de la iglesia y que enmarca las tallas de su altar mayor.

Fachada de la Catedral de Saint Michel, Carcasona.

Eglise de Sant-Vincent (Iglesia de San Vicente)

Esta bella muestra del gótico occitano alberga un gran patrimonio artístico entre sus muros. Pinturas, reliquias, esculturas… hasta un gran órgano del s. XVIII, obra de Christophe Moucherel.

Calificada como monumento histórico ya en mil novecientos siete, esta iglesia posee uno de los miradores más espectaculares de toda la ciudad. Un campanario de planta octogonal que alcanza los cincuenta y cuatro metros de altura y que guarece en su interior un cadencioso carrillón compuesto por cuarenta y siete campanas.

Utilizado como atalaya en tiempos de lid, la torre es sin duda un el lugar al que acudir si queremos obtener las mejores panorámicas de la “Bastide”.

Fachada de la Iglesia de San Vicente, Carcasona.

Le Jardin du Calvaire (El Jardín del Calvario)

Con un marcado aire melancólico se presenta “Le Jardin du Calvari”, un jardín botánico-religioso de aspecto atractivamente decadente, en el que las silenciosas grietas de las esculturas que lo presiden narran la tragedia de todos aquellos caídos durante los innumerables asedios sufridos por la ciudad.

Situado en uno de los bastiones de la “Ville Basse”, la torre Grande, este jardín del s. XVI posee preciosos frescos, una capilla y un agradable mirador con vistas al Bulevar Barbès, uno de los espacios más transitados de la nueva y cosmopolita Carcasona.

Capilla abandonada en el Jardin du Calvaire, Carcasona.

Musée des Beaux-Arts (Museo de Bellas Artes)

Ubicado en el que fuere antiguo Palacio de la Justicia durante la época de la Revolución Francesa, el Museo de Bellas Artes del municipio ofrece una variada colección de obras comprendidas entre los s. XVII y XIX, además de ofrecer al visitante periódicas exposiciones itinerantes entre las que también hay espacio para el arte contemporáneo. Una visita fuera del circuito turístico arquitectónico-medieval que ofrece la ciudad, pero que también nos muestra el transcurso de la historia; esta vez, tomando el arte como referencia.

Fachada del Musée des Beaux-Arts, Carcasona.

Canal du Midi (Canal del Mediodía)

Con una extensión de doscientos cuarenta kilómetros, el “Canal du Midi” es el canal navegable más antiguo de Europa.

Construido en el s. XVII para facilitar el tráfico de mercancías entre los puertos del Atlántico y los del Mediterráneo, hoy ha abandonado su faceta comercial y navegar a través de él, recorrerlo a pie o en bicicleta, constituye una original y bella manera de conocer más sobre el país galo.

Declarado Patrimonio de la Humanidad, como otros enclaves destacados de la ciudad, el canal se ha convertido en todo un referente junto a la ciudadela. Uno de los imprescindibles que ver en Carcasona.

Muchos son los visitantes que después de pasar un par de jornadas descubriendo los encantos de tierra firme, apuestan por el turismo fluvial, embarcándose en alguno de los cruceros y excursiones que ofrecen compañías como Le Boat o Locaboat Holidays, y que recorren los bucólicos paisajes y pueblos que bordean sus orillas.

Villefranche-de-Lauragais, Castelnaudary, Trèbes… enclaves excepcionales que enamoran y roban el corazón a primera vista.

Otra forma de disfrutar del canal y su entorno es dando un agradable paseo en bicicleta; gozando de la brisa que ondea bajo los árboles de la ribera, dejándonos acariciar por el sol. Una ruta apta para todos los públicos y que presenta senderos llanos sin dificultad a ambos márgenes del canal.

Además, las etapas cuentan con todo tipo de servicios dirigidos a los ciclistas. Establecimientos donde reparar un pinchazo, poder limpiar la bicicleta o guardarla y hasta servicios de asesoramiento sobre la ruta.

Una manera diferente de descubrir Carcasona, más allá de la arquitectura, el medievo y la historia.

Canal du Midi, Carcasona.

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