La Ciudadela de Carcasona
Womondoo Carcassonne

Conocida como "La Cité", la ciudadela de Carcasona representa el mayor atractivo turístico de esta bella localidad situada en el sur de Francia, no muy lejos de la frontera española.

Declarada como patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en mil novecientos noventa y siete, esta ciudad medieval, es una de las más grandes y mejor conservadas de toda Europa. Cruzar sus murallas se torna retroceso en el tiempo para el viajero, haciéndole partícipe de una historia con más de dos mil quinientos años de antigüedad, que acontece en cada uno de los rincones de sus adoquinadas callejuelas. Un paraje de ensueño en el que poder sentirnos princesa y caballero.

Lugares de interés en el mapa

Detalles históricos

La historia de la ciudadela de Carcasona se remonta a tiempos más pretéritos que los medievales. Situada sobre un montículo, a orillas del río Aude, los vestigios arqueológicos encontrados evidencian la existencia de un muro reforzado de defensa (oppidum) datado en el siglo VI a. C. Construcción que se atribuye a los "Volcae Tectósages", una tribu celta procedente del norte de Europa.

Se sabe qué durante el periodo romano, sobre el año ciento veintidós antes de Cristo, el imperio construyó un “castellum” (una pequeña colonia fortificada) sobre los restos del “oppidum”, como parte material de su imperio; al cual bautizaron con el nombre deIulia Carcasso”.

Tras su inclusión en la provincia de la Galia, Carcasso gozó de paz y prosperidad por su proximidad con el río Aude, el cual facilitaba el comercio gracias a su navegabilidad; y la Vía Aquitania, que comunicaba la colonia con Narbo, Tolosa y Burgalia.

Durante el siglo III d. C, los numerosos asedios germánicos propiciaron la construcción de más fortificaciones y torres, de las cuales aún hoy se conservan cincuenta y dos.

Desgraciadamente, todo cambió con la llegada de los visigodos, que durante el s. V, conquistaron la ciudad convirtiéndola en bastión fronterizo ante las incursiones de los reinos francos del norte.

En el año setecientos veinticinco, la invasión musulmana tomó Carcasona, la cual protagonizaría sucesivos intentos de reconquistas por parte de las tropas del reino godo.

Aunque pocas son las huellas sarracenas que encontramos en "La Cité", sus recuerdos y leyendas permearon en el imaginario de los lugareños, tal y como demuestra la historia que acontece la figura de la “Dama Carcas”, la estatua que preside el puente levadizo de la ciudadela, situado en la Puerta de Narbona. Según cuenta el relato, Carcasona debe su nombre a esta princesa sarracena que vivió en época musulmana.

Estatua de la Dama Carcas junto a la Puerta de Narbona de la Ciudadela de Carcasona

Durante el s. VIII, Carlomagno se propuso reconquistar el territorio que los musulmanes habían arrebatado al reino visigodo. Ante estas intenciones, Carcaso, gobernada por la princesa Carcas, se preparó para una batalla de más de cinco años, en la que las provisiones de la ciudad se extinguían día a día. Con la proximidad de una inminente sumisión, la princesa ideó un plan. Mandó realizar un inventario de los recursos que quedaban en la ciudad, en el que solo figuraba un saco de trigo y un cerdo. Con este panorama poco favorable, Carcas ordenó cebar al cerdo con el saco de trigo que quedaba y arrojarlo después desde la torre más alta de la fortificación, ante la atenta mirada del ejército godo. Cuando Carlomagno vio caer al cerdo a punto de reventar, interpretó que el asedio no servía para nada, ya que Carcaso disponía de suficientes víveres como para desprenderse de un cerdo sobrealimentado.

Las tropas de Carlomagno cesaron sus ataques liberando la ciudad de su cerco y la princesa, al presenciar la retirada del ejército, ordenó hacer sonar las campanas de la ciudad; momento en el que uno de los soldados de Carlomagno exclamó, “¡Carcas sona!”, nombre con el que según la leyenda comenzó a llamarse a la ciudad.

Pero esto son solo utópicas leyendas. Realmente, Carlomagno triunfó sobre los sarracenos y los francos dominaron Carcasona.

En el mil sesenta y siete, la localidad paso a formar parte de las posesiones de la noble familia Trencavel, cuyas riquezas propiciaron la construcción del "Château Comtal" (castillo) y la basílica de Saint Nazaire.

Con la llegada de la Edad Media, Carcasona floreció culturalmente gracias al desarrollo del catarismo, un movimiento religioso en cisma con la iglesia, difundido durante el s. X por la Europa Occidental. Pero la ciudad también fue víctima de las cruzadas cristianas contra ellos, perdiendo su posición estratégica y siendo finalmente abandonada, con el devenir de la historia.

No fue hasta mediados del s. XIX cuando se produjo el resurgir, de la mano del historiador Jean-Pierre Cros-Mayrevieille y el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc, los cuales emprendieron su restauración. El auge del Romanticismo francés, el gusto por lo medieval, la corriente nacionalista y los nuevos elementos arquitectónicos propuestos por Viollet-le-Duc, permitieron recomponer su estructura originaria y otorgarle la imagen que hoy por hoy podemos admirar.

¿Qué ver en el Castillo de Carcasona?

Emergiendo entre los viñedos del Languedoc se alza esta inexpugnable construcción fortificada que nos permite conocer de primera mano uno de los periodos más apasionantes de la historia, la Edad Media. Cruzar el puente sobre el foso, atravesar las murallas presididas por la imponencia de sus torres y descubrir los misterios que esconden sus calles, nos permite imaginarnos como se desarrollaba la vida en "La Cité", miles de años atrás.

Muchos son los atractivos turísticos que entraña este icono medievo, empezando por la magnánima escultura de la Dama Carcas (la princesa sarracena a la cual la leyenda otorga el origen del nombre de la ciudad) situada junto a la Puerta de Narbona, la entrada principal al recinto flanqueada por dos inmensas torres.

Una vez en su interior, todo se torna mágico e irreal, como si amaneciésemos en un libro de caballerías; descubriendo la historia con el paso de cada página.

Capítulo 1- Las murallas

La ciudadela de Carcasona se encuentra doblemente fortificada. Su primera muralla, la exterior, data del s. XIII y conserva el legado galo-romano de los restos sobre los cuales se erigió. Goza de una extensión de tres kilómetros salpicados por la imponencia de catorce torres circulares sin techo que facilitaban la huida en tiempos de lid.

Entre esta y la segunda muralla encontramos la “liza”, un espacio de un kilómetro de circunferencia utilizado para la celebración de torneos y también como almacén de las provisiones y armamento de la ciudad.

Años más tarde llegó la muralla medieval. Una construcción llevada a cabo entre los s. XIII y XIV para otorgar protección definitiva al recinto. En ella podemos admirar treinta y ocho torres en forma de herradura, con techo plano, entre las cuales destacan la Tour St-Nazaire, la Tour du Trésau, la Tour de la Justice y la Tour de l’Évêque.

Imagen nocturna de la murallas de la ciudadela de Carcasona.

Capítulo 2- Las puertas

Además de la mencionada Puerta de Narbona, construida en el año mil doscientos ochenta, "La Cité" cuenta con tres más situadas cada una en uno de los puntos cardinales; la "Porte Bourg o Rodez", la "Porte Saint-Nazaire" y la "Porte d’Aude".

La "Porte Bourg", al norte, presenta un aspecto austero, menos defensivo que el resto. Por su parte, la "Porte de Saint-Nazaire", situada al sur, se construyó en las entrañas de una de las escasas torres cuadradas que cerca la ciudadela. Finalmente, encontramos la "Porte d’Aude". Construida en el s. XIII, esta puerta de origen visigodo e intrincado sistema defensivo, representa el acceso alternativo a la ciudadela para todos aquellos visitantes que ascienden a ella desde la "Bastide de Saint Louis", corazón de la nueva Carcasona.

Capítulo 3- La Basílica de Saint Nazaire

Uno de los imprescindibles tras las murallas de la ciudad medieval es sin duda la Basílica de Saint Nazaire. Esta construcción románica del s. XII incorporó un ábside y unas impresionantes vidrieras góticas con escenas que narran la vida de Cristo y los apóstoles, durante su ampliación en el s. XIV. Una peculiar y asombrosa muestra de estilos que enaltece la majestuosidad de este emblemático edificio.

Vidrieras góticas de la basílica de Saint Nazaire, Carcasona.

Captítulo 4- El "Château Comtal" (castillo condal)

Construido en mil ciento treinta como residencia de la familia Trencavel, el castillo condal acabó convirtiéndose en una imponente fortaleza dotada de foso, barbacana, matacanes, torres y galerías defensivas que Viollet-le-Duc supo restaurar con gusto, conservando todo su carácter y esplendor.

Su visita (de pago) consta de dos partes. La primera traza un recorrido interior por seis salas en las que podremos conocer los orígenes de Carcasona gracias a una detallada maqueta de la ciudad y un didáctico audiovisual inmersivo que nos muestra su evolución arquitectónica. La segunda parte muestra el exterior del castillo, sus galerías de madera, el camino de ronda… permitiéndonos apreciar la capilla románica, los matacanes y la barbacana, los cuales se erigen como verdaderos protagonistas. Finalmente, podremos acceder al "Musée Lapidaire", un conjunto de salas que acogen gran variedad de restos romanos y románicos, entre otros hallazgos.

Capítulo 5- El Teatro de la ciudadela

Ocupando el antiguo claustro de la basílica, el teatro de la ciudadela es una de las construcciones más recientes de la ciudad medieval. Edificado en mil novecientos ocho, actualmente acoge cada verano el conocido “Festival de La Cité”, un evento honorífico a Jean Deschamps, conocido actor y director teatral francés. Cabe señalar que su acceso solo es posible durante la celebración de actos como el que hemos citado y que admirar su grandeza solo es posible desde las murallas del “château”, durante la visita al mismo.

Capítulo 6- Los Pozos

Los pozos son otro de los reclamos fotogénicos más buscados por los turistas. La ciudadela cuenta con dos, los cuales se encargaban de abastecer de agua a sus habitantes, años atrás. Le Grand Puits” (el gran pozo) es el más reconocido. Situado en el corazón de su homónima plaza, esta oquedad de periodo renacentista es la más visitada gracias a la leyenda que la precede. Según cuentan, los visigodos escondieron en ella el tesoro del rey Salomón, ante la inminente llegada de Atila, pero nunca se han encontrado evidencias de ello. Por su parte, le Petit Puits” (el pequeño pozo) está ubicado en una zona mucho menos céntrica, en un pequeño callejón cerca del Museo de la Escuela.

El gran pozo, en la ciudadela de Carcasona.

Capítulo 7- El Musée de l’école (Museo de la Escuela)

Este curioso museo permite conocer cómo se desarrollaba la escuela municipal de la 3ª y 4ª República a través de una colección que muestra los soportes pedagógicos utilizados entre los años mil ochocientos ochenta y mil novecientos sesenta. Además, de contar con una amplia colección de proyectores, una biblioteca y un centro de estudios e investigación sobre la enseñanza primaria francesa.

Patio del Museo de la escuela, Carcasona.

Capítulo 8- El Musée de l'Inquisition (Museo de la Inquisición)

En él no solo podremos contemplar instrumentos de tortura utilizados desde inicios del siglo XII hasta la Revolución Francesa, sino que también observaremos escenas recreadas que nos ayudaran a comprender mejor el sufrimiento de todos aquellos pobres herejes que fueron sometidos a la hoguera. La sala de tortura, la celda, las animaciones, los grabados y los instrumentos utilizados durante la Inquisición recrean espeluznantes escenas de sufrimiento que, desgraciadamente fueron parte inexpugnable de la historia del catarismo en la región.

Recreación de una celda en el Museo de la Inquisición de Carcasona.

Capítulo 9- La Plaza Marcou

Erigida como centro neurálgico de la ciudadela, en ella se dan cita algunos de los restaurantes con terraza más visitados por el público, en los que es posible degustar el conocido “cassoulet”. Un contundente potaje de alubias que incluye como ingrediente estrella el confit de pato acompañado de otras bondades cárnicas como el tocino y las salchichas de Toulouse.

Esta plaza arbolada representa un oasis para los visitantes, sobre todo en época estival, cuando las altas temperaturas ponen a prueba la paciencia del abundante gentío que se da cita en la ciudad medieval.

Plaza Marcou en la ciudadela de Carcasona.

Capítulo 10- Las calles Gremiales

Es evidente que uno de los mayores atractivos de "La Cité" recae en la arquitectura de sus calles gremiales y esa esencia que transporta al viajero. Su trazado laberíntico nos invita a redescubrir antiguos oficios y saborear los víveres de antaño, en sinergia con los típicos souvenirs y postales recuerdo que no pueden faltar en cualquier buen parque temático que se precie.

Calle adoquinada de la ciudadela de Carcasona.

Cómo llegar a la ciudadela

Situada en el sur de Francia, la ciudad de Carcasona se presenta como un lugar muy accesible desde España, sobre todo por vía terrestre, aunque es posible llegar a ella utilizando otros transportes. Veámoslo.

En coche

Es la forma más rápida, aunque deberemos tener en cuenta los peajes y que el coste de la gasolina, bastante más elevado en el país vecino. Las distancias a las que se encuentran las principales ciudades del estado son las siguientes: Barcelona, 300 km: Bilbao, 530 km, Madrid 880 km y finalmente Sevilla, a 1.200 km.

Una vez cruzada la frontera, tras los Pirineos catalanes, deberemos tomar la autopista A61 hasta la salida 23 Carcassonne-Ouest y seguir las indicaciones hacia Mazamet/Carcassonne-Centre, nuestro destino final.

En tren

Desde la estación de Sants, en Barcelona, hay trenes directos a Carcasona y otros con parada en Narbona, ciudad situada a escasos sesenta kilómetros.

Respecto a los trenes con origen en otras ciudades estatales, habrá que realizar diversos trasbordos hasta llegar a la estación catalana y tomar el ferrocarril definitivo.

Los billetes pueden adquirirse en la web oficial de Renfe-SNCF.

En autobús

Del mismo modo que los trenes, varias compañías de autobús ofrecen la ruta Barcelona-Carcasona, siendo necesario el trasbordo en la ciudad contal, si partimos de otras capitales españolas. Flixbus, es una de ellas, ofreciendo viajes con un precio medio de 27 euros por trayecto.

En avión

Aunque la ciudad francesa dispone de aeropuerto, lo cierto es que actualmente no hay ninguna compañía que cubra esta ruta expresa desde nuestro país. La opción más acertada es volar hasta Toulouse, donde se encuentra el aeropuerto más cercano y trasladarnos hasta Carcasona en alguno de los autobuses que parten desde sus inmediaciones cada media hora. O acercarnos hasta la estación central de la ciudad y tomar alguno de sus trenes regionales.

Una vez llegados a la ciudad, acceder a "La Cité" es muy sencillo. Para ello podemos tomar el Pont Vieux (puente viejo) o el Pont Neuf (puente nuevo) que, construidos sobre el río Aude nos proporcionan las mejores panorámicas de la ciudadela (imprescindible acercarse durante la noche, cuando el recinto medieval prende nigromante gracias a una cuidada iluminación). Una vez cruzados, simplemente habrá que seguir las indicaciones para ascender hasta la ciudadela.

Si nos acercamos en coche, en Quai Bellevue, Avenue du Général Leclerc y algunas otras calles cercanas encontraremos aparcamiento gratuito; mientras que la zona de estacionamiento de la Puerta de Narbona es de pago entre las ocho de la mañana y las ocho de la tarde (añadir que ofrece una primera media hora gratuita).

Vistas de los alrededores de la ciudadela de Carcasona desde las murallas del castillo condal.

¿Dónde comer?

Son muchos los restaurantes, braserías, bistrós y creperías que podemos encontrar en el corazón de la ciudadela; con cartas y menús que rinden tributo a la reputada gastronomía francesa. “Galettes” (crepes salados), quesos, foies, “cassouletes”, un auténtico bufete para el paladar. Pero es necesario andarse con ojo, ya que muchos de estos establecimientos han acabado vendiendo su alma al turismo, ofreciendo productos de dudosa calidad a precios francamente abusivos. Entre los lugares que ofrecen mejores referencias, os recomendamos el restaurante Comte Roger, con una cocina de vanguardia y cuidados menús que renuevan cada estación. En lo que a “cassoulet” se refiere, el mejor lugar para probar este potaje tradicional es La Table Ronde. Del mismo modo que muchos otros establecimientos, ofrece un menú cerrado con entrante, “cassoulet” de segundo y postre a un más que correcto precio. Además, tienen una excelente mano con las parrilladas. Finalmente, os sugerimos la Brasserie Café Lucine. Un agradable espacio donde poder degustar gran variedad de productos de la región tratados con mimo. Imprescindible su emmental fundido con panceta. El plus, cenar en su coqueto jardín interior.

Plato de Cassoulet

¿Dónde alojarse?

Hospedarse en la misma Cité es un sueño que puede hacerse realidad, y sin duda es una experiencia que vale la pena por qué el ambiente nocturno y las tenues luces ambarinas que iluminan las callejuelas, transforman la antigua Carcasona.

Entre los alojamientos a destacar encontramos el Best Western Plus Le Donjon, un cuatro estrellas situado a tan solo cien metros del “Château Comtal” que ofrece a sus huéspedes todos los servicios para hacer de su estancia un recuerdo inolvidable.

Pero si de experiencias utópicas hablamos, nada mejor que pernoctar en el Hotel de la Cité & Spa MGallery. Este lujoso hospedaje ubicado en un castillo, junto a la basílica de Saint Nazaire, ofrece a sus visitantes todo tipo de comodidades. Spa, centro de bienestar, jardín con piscina, restaurante gourmet…Comodidades que nos harán sentir como verdaderos reyes.

También hay opciones más económicas que nos permitirán vivir la auténtica noche medieval. El De Jeunesse es un correcto albergue sin pretensiones, situado en el corazón de la ciudadela, a escasos tres minutos del castillo. Una buena alternativa para viajeros de espíritu más bohemio y nómada.

Vista panorámica de la ciudadela de Carcasona de noche, desde el puente viejo.

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