Historia de Estambul: la ciudad entre continentes
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En el mundo entero, hay solo una ciudad que esté partida en dos por el mar; una ciudad que queda dividida exactamente a la mitad en dos continentes y justo en medio, imponente, una lengua de mar de varios kilómetros, cursada a todas horas del día por barcos cargueros, petroleros, pesqueros, acorazados y submarinos.

Solo hay una en todo el mundo, y está exactamente, donde termina Europa y empieza Asia; donde termina el mar Mediterráneo y empieza el Negro. Y su nombre es Estambul.

Entre mares, continentes e historia

Pero Estambul es mucho más que una ciudad donde se encuentran dos continentes: Estambul es, sobre todo, la capital donde se declaran y caen imperios, todos en el mismo lugar.

Los primeros griegos llegaron a sus costas en el siglo V a.C, y fundaron la nueva localidad, que se llamaría Bizancio. Con el paso de los siglos creció, y llegó a ser la ser la segunda mayor ciudad del Imperio Romano.

Calle de Estambul

Pero éste cayó, y, entonces, Bizancio quedó como su capital. En el siglo IV, el emperador Constantino decidió reordenar la ciudad y cambiarle el nombre: Nueva Roma. Ese nombre, sin embargo, no cuajó, sino que quedó otro, en honor al emperador: Constantinopla. Sería el nombre oficial de la ciudad hasta el siglo XV, y seguiría usándose hasta el siglo XX.

Fue durante esos años, cuando Constantinopla era la mayor ciudad del mundo, cuando fue construida una de las mayores perlas de la ciudad, Santa Sofía, que fue, durante casi mil años, el mayor edificio del mundo entero. No había cúpula que la igualase.

Santa Sofía Estambul

Su destino, sin embargo, con el de toda la ciudad, cambió para siempre el 1453. El sultán Mehmet Fatih, el conquistador, tras varios meses de asedio, conquistó la capital del imperio de Constantino para convertirla en la capital de su imperio. Empezaba la hegemonía del Imperio otomano. Santa Sofía fue convertida en mezquita.

Constantinopla pasó a llamarse Estambul y la ciudad pasó a ser, además, el centro neurálgico del comercio mundial en los siguientes siglos: judíos, cristianos y musulmanes de toda Europa iban a Estambul para traer especias, café y té de Asia a cambio de aceros y tecnología.

Historia Estambul

Y esos siglos se ven aún en la ciudad: Estambul es de las pocas ciudades del mundo en los que, en casi cada calle, hay, por definición, un monumento histórico, una ventana que lleva irremediablemente al pasado de la ciudad.

Puede ser una mezquita o iglesia histórica, una fuente o un pequeño cementerio de barrio que tiene más de 400 años. Todo está perdido dentro del asfalto de la ciudad, que en la actualidad, es la más grande de Europa: casi 20 millones de habitantes.

Dificultades en el transporte

Por eso, el transporte público en la ciudad es complicado: a parte de que Estambul está construida encima de colinas, y todas sus calles son empinadas y parecen nunca acabar, en las últimas décadas el ayuntamiento lucha con la orografía del lugar para construir más líneas de transporte de metro.

Transporte en Estambul

Es difícil: cada excavación realizada debe irremediablemente pararse durante varios meses porque casi siempre, sin excepción, al remover una piedra en Estambul, aparece otra que data de hace varios siglos. Eso ocurre, sobre todo, en los barrios más históricos de la ciudad, situados en la orilla europea del Bósforo.

Transporte en Estambul

El lado asiático, por su parte, es un sitio más residencial, construido, sobre todo, en los últimos dos siglos. Lo que no significa que no haya barrios históricos como Kuzguncuk, donde vivían judíos y armenios, o el distrito de Kadiköy que, en la actualidad, es el que concentra el mayor número de jóvenes universitarios de la ciudad y que goza de cafeterías y bares en cada esquina, además de el mejor paseo marítimo de la metrópolis.

Y, aunque parezca mentira, cruzar de continente e ir de un lado a otro es extremadamente sencillo: basta con subirse al Ferry que cruza el Bósforo cada 15 minutos y que es considerado como transporte público. Es, probablemente, el trayecto de transporte público más bonito del mundo, sobre todo en verano.

Ferry en Estambul

Imperios y república

Con la llegada de la primera guerra mundial, el Imperio Otomano, que llevaba décadas de crisis, colapsó y tras la invasión griega de Anatolia —los griegos querían conquistar Estambul, que, tras la guerra, estaba bajo control de Gran Bretaña y Francia— nació la República de Turquía en 1923.

Ciudad de Estambul

Estambul, ese año, perdió su condición de capital, pero no su capacidad para coronar al que la controlase: el nuevo presidente de Turquía —el fundador de la república— no pudo estar seguro en su lugar hasta poseer y controlar por completo Estambul.

Pero lo consiguió, y Estambul sería, a partir de entonces, la capital comercial y cultural de Turquía; la política era Ankara, una ciudad gris en medio de Anatolia. Los estambulitas bromean sobre ella: “Lo más bonito de Ankara es la autopista que lleva a Estambul”.

Monumentos en Estambul

Y en parte tienen razón: Ankara no tiene las iglesias milenarias y mezquitas y sinagogas centenarias de Estambul; ni los delfines que, a veces, se dejan observar en el estrecho del Bósforo, ni las islas Príncipe, un resort semi-tropical a una hora y media del centro de Estambul en barco, ni el barrio histórico de Balat, antes habitado por armenios y griegos y donde ahora se asienta el Patriarcado de Constantinopla, la segunda institución aún vigente del mundo más antigua, sólo por detrás de la Iglesia Católica del Vaticano.

Como tampoco tiene su historia de imperios que vienen a nacer y morir en las aguas turquesas del Bósforo. Por todo esto y por mucho más, Estambul es una ciudad que se debe de visitar, al menos, una vez en la vida.

Tours históricos en Estambul