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El Barrio de Alfama
Atardecer en Alfama

Lisboa es ese tipo de ciudad que no deja indiferente. Cada poro, cada rincón de la capital destila esa esencia a historia, tradición y cultura propias de los lugares con carácter. Convertida en joven cosmopolita, los vestigios que atesora evidencian un longevo recorrido, trazado en cada uno de los barrios que la conforman. Este es el caso de Alfama, cuna de pescadores, poetas y artistas, cuna de la verdadera esencia lusa y sin duda, un imprescindible que hay que visitar en Lisboa.

Algunos de sus atractivos en el mapa

Detalles históricos

Construido bajo el cobijo del Castillo de San Jorge, aferrado a la colina que atesora su mismo nombre, Alfama es uno de los barrios más antiguos y auténticos de Lisboa. Su nombre, de origen árabe, proviene de la palabra “al-hamma” = fuente. La razón reside en la geología de su subsuelo, recorrido por diversos manantiales minero medicinales que a lo largo de la historia fueron canalizados a través de los distintos chafarices (fuentes) que se reparten por el barrio, convirtiéndolo en la zona con mejor canalización de agua, antes de la construcción del Acueducto de Aguas Libres.

A principios del s. VIII, durante el dominio musulmán, Alfama estuvo dividido en dos; la Alfama do Alto, donde residían las clases aristocráticas y la Alfama do Mar, de carácter mucho más humilde. Ese bajo nivel se conservó durante la reconversión de Lisboa en ciudad portuaria, ya que el barrió se erigió como morada de marineros y estibadores, los cuales dejaron huella de la tradición marítima que precede al barrio.

En la actualidad, Alfama se ha transformado a través de la influencia del turismo, bajo una simbiosis entre encanto, tradición, moda y artesanía.

Ascenso de un tranvia rojo por una de las calles del barrio de Alfama, en Lisboa.

Descubriendo Alfama

Como ya hemos mencionado, el Barrio de Alfama se sitúa en plena colina de San Jorge, por lo que su estructura laberíntica serpentea a lo largo de su altitud. Pese a que lo aconsejable es desplazarnos hasta el distrito tomando el tranvía 28 , Alfama merece la pena ser vivido a cada paso, dejar que sus calles hablen, y sus casas, decoradas con antiguas fotografías de sus personajes, nos cuenten la historia de sus vidas.

Concebido como el mirador de Lisboa, el barrio cuenta con diversos rincones donde disfrutar de las magníficas vistas que ofrece su ubicación. El Tajo, el centro de la ciudad o la vieja Alfama, son algunas de las panorámicas a contemplar desde el Mirador Sophia de Mello Breyner Andersen, el Mirador de las Puertas del Sol o el de Santa Lucía, uno de los más bellos por su carácter romántico y sus coloridos muros de azulejos.

No solo las vistas conforman el atractivo de la zona. Numerosos son los espacios, monumentos y rincones a descubrir en Alfama. La catedral de Lisboa, de estilo románico-gótico y de libre acceso; la Casa dos Bicos (puntas), la cual acoge la fundación José Saramago; el Panteón Nacional (antigua Iglesia de Santa Engracia) o la Rua Norberto de Araujo, cubierta por dibujos que narran la prolífera historia de la capital; son solo algunos de los imprescindibles que ver en Alfama.

Sintiendo Alfama

En plena cúspide de nuestra experiencia lisboeta, que mejor que sentir el arraigo y tradición de sus autóctonos, descubriendo pequeños colmados, librerías o mercados como Era Uma Vez Um Sonho, una pequeña tienda de juguetes y muñecos artesanales; Fabula Urbis, librería que posee una extensa colección sobre la historia, arte y gastronomía lisboetas (desgraciadamente a punto de echar el cierre); entrar en ChiCoração, tienda dedicada a la confección de artículos de lana Alenteja o dejarnos caer por la Feira da Ladra, una especie de mercadillo donde encontrar multitud de objetos de segunda mano.

Alfama también es conocido por su música, por los poéticos versos del fado; oda a la tradición, el mar y el amor. Uno de los emblemáticos distintivos del distrito y al cual se brinda reconocimiento en su museo, situado en la antigua Alfama do Mar. Una visita obligada no solo para los amantes del canto nostálgico en la que disfrutaremos de una magnífica colección de instrumentos musicales, fotografías, trajes y carteles. Además, el recinto cuenta con cafetería y la típica boutique souvenir.

Fachada del edificio del museo del Fado

Pero la mejor opción para disfrutar de su arraigo es recorrer las calles del barrio y dejarnos llevar por las melodías que asaltan desde las ventanas de las casas, en plena festividad de San Antonio (el trece de junio). Aunque si esa no es nuestra suerte, siempre podremos asistir a alguna de las tascas o restaurantes con cena espectáculo, donde cada nota ameniza el deleite de su cocina tradicional. Donde los espetos de sardinas, bacalhau à brás, feijoadas o el queijo da serra son culminados con dulces queijadas y pasteis de Belém.

Mujer portuguesa cantado fado en una de las típicas tascas del barrio de Alfama, en Lisboa.

¿Dónde dormir?

El hospedaje en Alfama, tampoco deja indiferente. Como barrio de contrastes, tanto podremos alojarnos a cuerpo de rey en un antiguo palacete, el Chafariz D’El Rei, o quedarnos prendados de las magníficas vistas que ofrece la privilegiada terraza del Hotel Memmo, una antigua pastelería donde los recuerdos y la calidad de sus desayunos rompe los tópicos que uno espera. El "must", disfrutar de su famosa piscina roja.

Pero si lo que queremos es mimetizarnos con los lugareños, no hay una opción mejor que alquilar alguno de los apartamentos ubicados en los reconvertidos edificios del distrito. Muestra de ello, el coqueto Crokeed House Alfama; un apartamento para dos, situado en la zona de la Alfama do Alto a tan solo cuatrocientos cincuenta metros del Castillo de San Jorge y que nos permite sentirnos parte del barrio y experimentar su vibración durante nuestra visita a la capital.

Sin duda cuando escogemos viajar a una ciudad que nos ofrece tanto y nos preguntamos qué ver en Lisboa, sabiendo que la única respuesta válida es todo, al concluir nuestra apuesta dedicándole una jornada entera a descubrir Alfama sabemos que lo que nos acompañará de por vida será mucho más que un recuerdo. Algo que en esencia cambiará nuestra mirada hacia el mundo al cual pertenecemos y el sentir de nuestras propias raíces. Tesoro de aquello que somos y de aquello en lo que nos convertiremos.

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